Confesión de medianoche: Nos da más pena hablar de dinero que contar ese crush tóxico que tuvimos. 🙈 En serio, ¿por qué somos así? Crecimos oyendo que preguntar “¿cuánto ganas?”
es de mala educación, que presumir un bono es de ególatras, y al final muchas andamos más perdidas con nuestras finanzas que Britney en el 2007. El dinero se volvió EL tema prohibido en nuestra vida, casi casi nivel “no le digas a nadie cuántos exes has tenido”. Y obvio, ese tabú nos está haciendo la vida de cuadritos. Hora de agarrar una taza de café (o vino, aquí lo que se te antoje hermosa 😜) y romper este silencio incómodo ya mero es 2026, por favor.
Te doy un dato que me dejó en shock y diciendo “help” literal: según un estudio de Merrill Lynch, el 70% de las mujeres preferimos hablar de salud, o incluso de la muerte, antes que hablar de nuestra lanita.
¡SETENTA POR CIENTO!
O sea, mil veces platicamos de dietas, dramas familiares, del último episodio de Euphoria,
pero de sueldo, ahorros, deudas… shhh, calladitas nos vemos más bonitas. Y no es casualidad.
Por siglos nos metieron en la cabeza que hablar de dinero no es “femenino”, que es de mal gusto, que “cochino dinero” 💩. Nos educaron con la idea romántica de que el dinero va y viene, que “el hombre provee y la mujer administra con amor” (qué cansancio esa narrativa). Resultado: nos sentimos culpables o raras al pedir un aumento, al decir “oye, cobro tanto por mi trabajo”, o al comparar salarios con los compaspor hacer la misma chamba. Siempre con el miedo de parecer interesadas, gold diggers o yo qué sé qué adjetivo feo. Es la cultura diciéndonos: “Si hablas de dinero, qué ambiciosa, qué materialista”. Y una, de buena onda, se queda callada… y en la pende...ja (perdón la palabra) perdiendo oportunidades.
Este tabú nos afecta bien canijo. Piensa: por no hablar de dinero, a veces aceptamos el primer sueldo que nos ofrecen (aunque sea bajito), porque no sabemos cuánto ganan otros en nuestro puesto. Nos cuesta negociar aumentos porque ni sabemos que podríamos ganar más. 🤦♀️ Y así se va agrandando la brecha salarial. Encima, al no compartir tips financieros entre nosotras, cada quien va descubriendo cómo invertir o ahorrar a los trancazos y tarde. True story: durante años yo creí que invertir era solo “para ricos” o “para financieros” porque jamás escuché a ninguna tía o amiga decir “compré acciones” mientras los hombres siempre hablaban de criptos o de que si tal fondo de inversión. ¿Y nosotras? Nos quedamos atrás por ese silencio.
Y agarrate que ahí viene otro dato de esos que te dejan 🤯: La brecha de riqueza global entre géneros es de 105 trillonesde dólares (wtf) a favor de los hombres. Trillones, hermana. Eso es cuatro veces la economía de Estados Unidoscompleta. Básicamente, los hombres controlan la mayor parte del pastel del dinero mundial mientras nosotras andamos peleando por migajas. (de migajeras literal) ¿Qué tanto crees que tenga que ver con este tabú de no meternos en la conversación financiera? Yo digo que bastantito. Porque si desde chiquitas nos hubiéramos atrevido a hablar y aprender de dinero sin pena, otra historia sería.
También está el tema de conocimiento. Muchas sentimos que no sabemos lo suficiente de finanzas y nos sentimos tontas. Pues adivina qué, esa inseguridad se alimenta cuando no lo platicamos con nadie. Un estudio encontró que una de cada dos mujeres menores de 40 dice abiertamente “no sé de finanzas, estoy 100% perdida en el tema”, un porcentaje mucho mayor que los hombres de esa edad. Y peor, 33% de las mujeres cree que nunca logrará su autonomía financiera (o sea, ser libres con nuestro dinero) según un reporte de Mastercard. ¿Cómo 🙁? Eso duele, literal. Significa que muchas ya se rindieron antes de empezar, en plan “yo nunca voy a entender, mejor que alguien más maneje el dinero”. Triste realidad: ese alguien más muchas veces termina siendo la pareja, y de ahí a la dependencia económica o hasta la violencia financiera... la linea es muy delgada.
Pero ahí te va la luz al final del túnel, y somos NOSOTRAS MISMAS. 🥰 Cada vez que en esta sala de chat imaginaria nos sinceramos y decimos “wey, ando endeudada con la tarjeta, ¿qué haces tú para administrar?” o “¿cuánto te pagan a ti en tu chamba? porque creo que a mí me están viendo la cara”, rompemos el tabú un poquito. Hablar de dinero con naturalidad entre amigas es EL ACTO MÁS REVOLUCIONARIO QUE PODEMOS HACER. En serio. Comparar salarios no es presumir ni envidiar, es saber dónde estamos paradas para exigir lo justo. Contarle a tu bestie cómo invertiste en un fondo aunque sea con $100 pesitos es compartir poder. Preguntar “oye, ¿cómo le hiciste para ahorrar para tu depa?” no es ser metiche, es ser lista y querer aprender. Tenemos que normalizar eso, como quien pide una receta de cocina pero en versión financiera.
Romper este tabú es urgente porque el dinero es autonomía, es libertad. Hablar de dinero es hablar de nuestro valor. Ya basta de hacernos chiquitas. Si tu trabajo vale, ¡hay que cobrarlo acorde! Si tu negocio crece, ¡hay que gritarlo a los cuatro vientos y buscar apoyo para seguir creciendo! Si tienes dudas, pide un consejo; si tienes conocimientos, comparte el consejo. Nada de pena. El mundo es para los vivos. Y aquí en The F Word nos comprometemos a hacer un pacto de ser ese círculo de confianza tipo Sex and the City pero en vez de solo hablar de amores, también de ahorros e inversiones. 💖
Imagínate un mundo donde nosotras, las mujeres, platicamos de dinero sin tabúes mientras nos hacemos manicure. 🤑 Que digamos “mana, este mes logré ahorrar $1,000, ¡vámonos por esos $1,500 el siguiente!” o “¿Supiste de tal fondo de inversión? métete, a mí me fue bien”. Suena medio nerd, pero es lo más empowering que hay. Porque el día que hablar de dinero deje de sentirse raro, ese día vamos a tomar el control completo de nuestras finanzas. Y con control de nuestras finanzas, hola independencia, así nadie nos manipula, así nadie nos mete miedo.
Así que empecemos nosotras. Rompamos YA ese tabú. La próxima vez que nos veamos, además de chismear del crush y del nuevo lipstick de Rhode, preguntémonos: “¿Cómo vas con tus finanzas? ¿Necesitas un consejo o tienes uno para mí?”. Hagámoslo sin pena, con gusto, con la confianza de que entre amigas no hay juicios. Al principio nos sentiremos raras, sí, porque desprogramarse lleva tiempo. Pero luego va a ser lo más normal y nos vamos a agradecer eternamente por habernos animado.
Porque al final del día, hablar de dinero también es hablar de nuestros sueños: esa casa que quieres, ese viaje, esa tranquilidad de vivir sin deudas, ese negocio que quieres emprender.
Todo eso empieza poniéndolo sobre la mesa, ahora mismo. Nada de “luego”.
Lo dije y lo sostengo: calladitas NO nos vemos más bonitas; calladitas NO NOS VEMOS.
Vas a ver que al final romper este tabú se va a sentir tan liberador como quitarse el bra llegando
a tu casa que deliciaaaaa.
Así que, sí, de dinero sí se habla. Se tenía que decir y se dijo. 😉💰
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